La enfermedad renal crónica no solo compromete la función de los riñones: también aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares. Cuando los riñones dejan de filtrar adecuadamente, se acumulan toxinas, se altera la presión arterial y se favorece la inflamación vascular.
Identificar factores de riesgo de forma oportuna —como la hipertensión, la diabetes y la proteinuria— permite iniciar un plan preventivo que proteja tanto el riñón como el corazón.
En este artículo revisamos señales de alerta, estudios recomendados y hábitos que pueden marcar la diferencia en el seguimiento a largo plazo.
